El libro de los nuevos amigos

Un hombre lector compró un libro llamado «El libro de los nuevos amigos», el que trataba de cómo conseguir nuevas amistades. Le pareció muy razonable lo que ahí se exponía, de modo que esperó que en su vida apareciera gente nueva y agradable. Como no pasó nada de eso, se entretuvo con otros libros y no se dio cuenta que el primero lo dejó por ahí olvidado.
Un hombre práctico encontró el libro en un taxi. Leyó el primer párrafo y le comentó al chofer si de verdad sería posible ganar nuevos amigos. Éste le dijo que en su pueblo eso no es necesario, pues allá todos son amigos. Si un fin de semana se animaba a conocer su terruño, él, con gusto lo acompañaría para presentarle a su familia y amistades. Intercambiaron datos y direcciones y quedaron de viajar el feriado siguiente.
El hombre práctico, ya en el metro, había terminado de leer la segunda página, que decía que las personas de edad disfrutan de conversar con un desconocido. Miró alrededor y vio una viejecita que llevaba una gran bolsa de tela. Le preguntó si iba al supermercado con esa bolsa. La mujer le dijo que era un nuevo mantel para el comedor; a su sobrina le habían gustado esos estampados, pero a ella le parecían horribles. Siguieron conversando y acordaron que iría el viernes a tomar el té con la anciana y su sobrina para ver qué tal se veía el mantel.
Iba leyendo en el colectivo, ya en la mitad de la tercera página, que trataba sobre el escuchar, cuando otra persona subió. Era el hombre lector; quien se sentó a su lado, miró el libro y le comentó:
—¿Sabe una cosa? ese libro no sirve, lo leí entero y no ayuda a hacer amigos, así que no pierda su tiempo.
—Me parece razonable —dijo el hombre práctico cerrando el libro—, mejor es conversar. ¿Y a qué se dedica usted?