Aprendiz de equilibrista

Sahuan y Taskín eran los dos, y los únicos en verdad, payasos de un pequeño circo itinerante que, cada primavera, salía de recorrido por los pueblos de la región.
En la arena del circo, ante el público, ambos competían en gracia e ingenio para saltar y correr ante las disparatadas ocurrencias que le salían en el momento.
Pero, una vez terminada la función, ya despojados de maquillajes y ropajes multicolores, se advertían grandes diferencias. Sahuan perdía su brillo y se iba a barrer en silencio las graderías vacías. Taskín, en cambio, rápidamente les daba comida a los animales para ir a practicar un rato a la cuerda floja, antes que retiraran la red protectora.
Sahuan dejó de barrer y se puso a mirar cómo Taskín caminaba por la cuerda, aleteaba rápidamente tratando de equilibrarse y caía con un estridente «Yahuuuiiiiiiiiiiiiii» en la malla de seguridad.
Antes que Taskín volviese a subir, Sahuan lo alcanzó y le preguntó:
—¿Cómo haces para tener tanta energía?
Taskín le respondió:
—¿Te fijaste en el niño de camisa azul que se quedaba sin respiración cada vez que saltabas sobre mí?
—No.
—¿Viste a la joven pelirroja que se tapaba la boca con un pañuelo cuando se reía?
—No.
—¿Y al hombre gordo, ese que se reía con la boca apretada mientras le daba un palmazo en la rodilla a su señora?
—No, no me he fijado en eso; al actuar sólo veo una masa de gente ¿Y qué tienen que ver ellos con que seas tan energético? Además, ya no están aquí.
—Es cierto, no están aquí. Están dentro de mí; jugando conmigo. Llevo al niño para que respire suave mientras está en lo alto. A la chica para que suelte su pañuelo y estire los brazos para equilibrarse, y al gordo para que grite con ganas mientras va cayendo.
—¿Y subes con todos ellos?
—No, ellos me suben a mí, aunque yo no quiera —respondió mientras volvía a encaramarse por la escala.
Sahuan quedó en silencio y en seguida se puso a barrer, pero no el suelo. La escoba comenzó a agitarse en el aire mientras él, ululando como sirena de bomberos, corría de un lado a otro llevándola en equilibrio en la punta de su cabeza.